Arte, historia, parques, playa y una vitalidad mediterránea única: Barcelona figura desde hace años en el ranking de las ciudades más visitadas no solo de España, sino de todo el mundo. Son muchos los motivos, incluido el acierto de la ciudad de aumentar cada vez más el valor de la "capital" catalana tras las Olimpiadas de 1992 que la dieron a conocer a todo el mundo.

Barcelona ofrece una impresionante cantidad de monumentos. Las imaginativas formas creadas por  Gaudí (la Pedrera, Casa Batlló, Parc Güell y la Sagrada Familia), el magnífico gótico de la Catedral y la basílica de Santa María del Mar, y los museos de dos grandes artistas del siglo XX como Joan Miró y Pablo Picasso, unidos con un profundo vínculo a la ciudad. Además del barrio marinero de la Barceloneta, para relajarse en la playas de Barcelona y pasar la noche en sus locales y restaurantes, y el templo del fútbol del Camp Nou, para emocionarse con la historia del equipo blaugrana, aunque no seáis amantes del fútbol.

Costa os lleva a conocer Barcelona gracias a los numerosos circuitos programados durante todo el año, para disfrutar de los monumentos más famosos del centro, descubrir sus rincones menos conocidos pero igualmente típicos, conocer las nuevas tendencias y captar el espíritu de una de las ciudades más bonitas y admiradas del planeta. Esta es nuestra selección de las 10 cosas que se pueden hacer y ver en Barcelona.

Sagrada Familia

Barcelona está repleta de símbolos, pero la Sagrada Familia es probablemente el que más la identifica. Es también el monumento más visitado de toda España y uno de los más visitados del mundo (más de 3 millones de personas al año). La obra maestra inacabada de Antoni Gaudí, que quería crear el "templo perfecto", se levanta como un castillo de arena en medio de la ciudad, a mitad de camino entre el mar y el parque natural de Collserola. Con sus 172 metros, es la iglesia más alta del mundo y el edificio más alto de Barcelona.

Han pasado 137 años desde la colocación de la primera piedra, en 1882, pero la basílica de la Sagrada Familia aún no está terminada. La complejidad del edificio, la muerte de Gaudí y las dificultades para recaudar los fondos necesarios para continuar con las obras lo convierten en un monumento inacabado y quizás por ello todavía más fascinante.

Pero no fue Gaudí el que inició las obras, que se hizo cargo en 1883 del proyecto de  Francesc de Paula del Villar, transformándolo por completo según su visión fantasmagórica y convirtiéndolo en una obra colosal, que se completaría a lo largo de los siglos como sucediera con otras grandes iglesias (la basílica de San Pedro o el Duomo de Milán). Según el nuevo programa de la comisión de construcción, la versión definitiva de la Sagrada Familia debería completarse en 2026, coincidiendo con el centenario de la muerte del arquitecto catalán. Quien, consciente de la envergadura del proyecto, decidió construir inicialmente solo la fachada de la Natividad.

 

Y esta es precisamente la que llama de inmediato la atención del visitante, con las cuatro torres (de un total de 18) que recuerdan gigantescos termiteros. Al entrar por uno de los tres portales (Fe, Esperanza, Caridad) se abre un espacio repleto de decoraciones y detalles: Gaudí diseñó el interior de la Sagrada Familia inspirándose en el bosque, con columnas helicoidales en forma de árbol que se dividen en ramas que sostienen las bóvedas de hiperboloides. Podéis explorar las naves del edificio admirando los juegos de luces y colores, cambian continuamente cada hora gracias a los rayos del sol que se filtran a través de las vidrieras. Y si no tenéis problemas de vértigo, subid a las torres para admirar las vistas panorámicas de Barcelona desde un punto privilegiado.

Parc Güell

No se puede marchar de Barcelona sin visitar el Parc Güell, el parque más hermoso de la ciudad y uno de los más originales del mundo. Es otra de las huellas dejadas por Antoni Gaudí en la ciudad, una zona verde de 17 hectáreas que cubre la ladera sur del Monte Carmelo, en el barrio de Gràcia.

Es muy interesante la historia que hay detrás de Parc Güell, que relata cómo una idea puede pasar del fracaso al éxito. El parque se construyó por voluntad de Eusebi Güell, empresario de una de las familias más influyentes de Barcelona y amante de las artes, además de amigo de Gaudí, a quien a finales del siglo XIX le confió la creación de una ciudad jardín ideal inspirada en las ideas utópicas de la época. Un lugar donde las casas y la vegetación estuvieran en perfecto equilibrio, con servicios al alcance de la mano (escuelas, iglesia) y unas hermosas vistas de la ciudad. Las obras empezaron en 1900 y finalizaron en 1926, pero el proyecto fracasó. Debido al poco interés de los ciudadanos, solo se construyeron tres de las sesenta casas previstas (en una de ellas vivió el propio Gaudí y actualmente alberga un museo dedicado a él) y la propiedad pasó a manos del Ayuntamiento, convirtiéndose en pública.

No se puede marchar de Barcelona sin visitar el Parc Güell, el parque más hermoso de la ciudad y uno de los más originales del mundo. Es otra de las huellas dejadas por Antoni Gaudí en la ciudad, una zona verde de 17 hectáreas que cubre la ladera sur del Monte Carmelo, en el barrio de Gràcia.

Es muy interesante la historia que hay detrás de Parc Güell, que relata cómo una idea puede pasar del fracaso al éxito. El parque se construyó por voluntad de Eusebi Güell, empresario de una de las familias más influyentes de Barcelona y amante de las artes, además de amigo de Gaudí, a quien a finales del siglo XIX le confió la creación de una ciudad jardín ideal inspirada en las ideas utópicas de la época. Un lugar donde las casas y la vegetación estuvieran en perfecto equilibrio, con servicios al alcance de la mano (escuelas, iglesia) y unas hermosas vistas de la ciudad. Las obras empezaron en 1900 y finalizaron en 1926, pero el proyecto fracasó. Debido al poco interés de los ciudadanos, solo se construyeron tres de las sesenta casas previstas (en una de ellas vivió el propio Gaudí y actualmente alberga un museo dedicado a él) y la propiedad pasó a manos del Ayuntamiento, convirtiéndose en pública.

Catedral de Barcelona

Si la Sagrada Familia es la iglesia más famosa de Barcelona, la más importante es otra: la Catedral de la Santa Creu i Santa Eulàlia, dedicada a una de las patronas de la ciudad (la otra es la Mare de Déu de la Mercè). Se levanta en el corazón del barrio gótico y es la sede del arzobispado, tanto es así que comúnmente la llaman la Seu, que en catalán significa precisamente la "sede". Su historia es antiquísima. Se construyó sobre los cimientos de la primera basílica paleocristiana levantada en el siglo IV y de la posterior catedral románica, consagrada en 1058. La construcción de la iglesia actual, mucho más grande que las anteriores, empezó el 1 de mayo de 1298 bajo el reinado de Jaime II de Aragón y finalizó a mediados del siglo XV tras 150 años de trabajos. En cambio, para la fachada y los campanarios laterales, fue necesario esperar hasta finales del siglo XIX. Se construyeron en  estilo neogótico a partir del proyecto del arquitecto Josep O. Mestres, que se inspiró en el proyecto original de cinco siglos antes, mientras que la gran aguja central se terminó en 1913. Una vez en el exterior, deteneos a admirar el portal con arco gótico, ricamente decorado con esculturas de apóstoles, profetas, reyes y ángeles. Al levantar la mirada podréis ver numerosas gárgolas que representan animales y criaturas fantásticas.

El interior está formado por tres naves principales y dos filas de capillas laterales, cerradas en la parte final por el ábside y el deambulatorio iluminado por altas vidrieras. En la cripta reposa la tumba con las reliquias de Santa Eulalia. Merece una atención especial la capilla del Santo Cristo de Lepanto, que alberga una original estatua de Jesucristo con el cuerpo curvado. Cuenta la leyenda que la cruz viajaba a bordo del buque insignia español durante la batalla de Lepanto, y la estatua se inclinó milagrosamente para evitar una bala de cañón o para tapar una fuga evitando de esta forma que el barco se hundiera.

Existen otras tradiciones curiosas relacionadas con la catedral. En el hermoso claustro del siglo XIV viven trece ocas, tantas como la edad de Santa Eulalia cuando sufrió el martirio a manos de los romanos. Durante la festividad del Corpus Christi se puede ver en el claustro "l'ou com balla", un huevo que flota sobre el chorro de agua de la fuente.

Basilica de Santa Maria del Mar

En el mapa del gótico catalán, junto con la Catedral, no puede faltar la basílica de Santa María del Mar, la gran iglesia delbarrio marinero de la Ribera, que tiene una importancia y personalidad únicas. Los barceloneses la sienten como propia de una manera especial ya que siempre ha sido "la iglesia de los marineros", que antes de hacerse a la mar pasaban por aquí para pedir la protección de la virgen. En la actualidad es el lugar favorito de los lugareños para casarse. Es fácil encontrarse en medio de una boda mientras se visita.

Santa María del Mar se construyo en un plazo de tiempo bastante corto, entre 1329 y 1383, cuando la ciudad vivió un gran crecimiento económico. Es motivo de orgullo para los ciudadanos que la basílica pertenezca literalmente al pueblo. Las clases sociales más humildes la quisieron y financiaron su construcción para poder disponer por fin de un edificio propio.

En aquella época, las otras iglesias del centro, incluida la catedral, estaban financiadas por la monarquía y estaban reservadas solo a la nobleza, los miembros de las corporaciones y clérigos de alto rango. Sucedió que los estibadores (los bastaixos, descargadores), que trabajaban como esclavos en las canteras de la zona de la Ribera, obtuvieron la libertad en el siglo XIV y crearon una especie de organización de ayuda mutua. También usaron los fondos para comprar los materiales de construcción y con sus brazos transportaron las piedras desde la cantera hasta la plaza de Santa María sin pedir ninguna compensación a cambio. Se pueden encontrar testimonios de esta historia en un bajorrelieve del edificio.

Varias veces dañada a lo largo de los siglos a causa de terremotos y guerras, Santa María del Mar fue profundamente restaurada en la década de 1970 y hoy se puede admirar todo su esplendor original de puro estilo gótico catalán. Tiene un desarrollo más horizontal que vertical en comparación con el gótico del norte de Europa, una compacidad creada gracias a cornisas y líneas planas. De esta forma, la apariencia externa da una sensación de gran solidez, como si fuera una fortaleza, con la fachada central enmarcada por dos torres octogonales, que terminan en galería en lugar de pináculos o agujas más típicos del gótico clásico. Las paredes laterales son austeras, sin los arcos y las decoraciones que se ven en las iglesias francesas de la misma época.

El interior, también caracterizado por una decoración austera, es mucho más espacioso de lo que puede parecer desde fuera. Mirad hacia los numerosos ventanales con vidrieras y los llamados óculos (abiertos entre las galerías), de ahí es donde viene la luz que atraviesa la oscuridad de las tres naves, las ilumina y las llena de color. Una curiosidad: las vidrieras, varias veces destruidas en diferentes épocas, han sido reconstruidas por completo y en una de ellas puede verse el escudo del Fútbol Club Barcelona, que aportó los fondos necesarios para los trabajos de restauración.

Museo Picasso

El Museo Picasso (Museu Picasso) es el testimonio del vínculo indisoluble entre el artista y la ciudad catalana. Pablo Picasso pasó su adolescencia en Barcelona con su familia y aquí entró en contacto con el modernismo, empezando a mostrar su talento. Barcelona será un punto de referencia para el artista español, a la que regresará en diferentes ocasiones. De manera que, en 1963, diez años antes de su muerte, abrió sus puertas el museo dedicado al artista, donde se pueden admirar las obras menos conocidas de la inmensa producción del artista español y comprender cómo se formó su genio.

Aunque en el mundo hay otros museos dedicados a Pablo Picasso, el de Barcelona es uno de los más famosos y visitados, con una vasta colección permanente de obras. Sus fondos cuentan con más de cuatro mil obras, la mayoría de las cuales se remontan a su adolescencia y juventud.

El edificio merece por sí mismo una visita. Las pinturas y esculturas están expuestas en un palacio medieval en el Carrer Montcada, en el barrio de la  Ribera. Las salas están organizadas según las etapas de la juventud del artista y ofrecen una panorámica exhaustiva de su arte hasta la Etapa Azul.

Es impresionante ver cómo ya a los 15 años Picasso dominaba las luces y sombras y cómo los personajes y las formas prefiguraban su arte más maduro. Se exponen pinturas más oscuras creadas durante el invierno que pasó en la Academia de Madrid y otras más alegres pintadas durante las vacaciones de verano en Horta de Sant Joan. Se pueden admirar también copias de las obras de Velázquez (referente artístico de Picasso), una serie de esculturas de arcilla, collages, pinturas modernistas y otras más pobres de color debido a los problemas financieros que atravesó la familia (a veces, para ahorrar, Picasso pintaba encima de otras pinturas).

Casa Batlló

Un tour de Barcelona tras los pasos de Antoni Gaudí no puede prescindir de la visita a la Casa Batlló, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, una de sus obras más geniales y obra maestra del modernismo catalán. Parece casi una criatura viva o un animado paisaje natural, con sus formas sinuosas y colores iridiscentes.

La Casa Batlló está situada en el número 43 del Passeig de Gràcia, la gran avenida que cruza el distrito del  Eixample y que en la segunda mitad del siglo XIX se convirtió en escenario de la competición entre los ricos empresarios por ver el que construía los edificios más espectaculares y llamativos. El industrial textil Josep Batlló i Casanovas compró el edificio en 1903 y encargó el nuevo proyecto a Gaudí, dejándole total libertad para trabajar. Este lo transformó por completo, por dentro y por fuera, creando uno de los edificios más sorprendentes de toda la ciudad.

La parte inferior de la fachada incorpora grandes columnas en forma de huesos, la superior es un desfile de balcones con forma de máscaras, algas o calaveras. Está revestida con vidrios y cerámica de vivos colores que reflejan la luz. Culmina la fachada una bóveda recubierta con escamas de colores, que recuerda el lomo de un gran reptil. No en vano, la Casa Batlló también se conoce como la "casa de los huesos" o "casa del dragón".

En los interiores se puede admirar la habilidad de Gaudí para fusionar practicidad y fantasía. Alrededor del patio luminoso se encuentran los apartamentos de la familia Batlló, una sucesión de habitaciones con formas onduladas, sin aristas ni líneas rectas, con puertas de roble y vidrieras Sorprende por su belleza la bóveda formada por 60 arcos catenarios (sin columnas ni paredes verticales), que recuerda una cueva o la caja torácica de un animal.

Barceloneta

Además de todas las atracciones artísticas y arquitectónicas, Barcelona tiene también… el mar. La Barceloneta es la playa más visitada de la ciudad, pero también uno de los barrios más fascinantes, donde aún se puede respirar la atmósfera del antiguo barrio marinero. Un maravilloso rincón que hace que esta ciudad sea aún más especial.

La Barceloneta es una parte del antiguo núcleo de Barcelona, ​​la  Ciutat Vella. El barrio se creó en el siglo XVIII para dar alojamiento a los pescadores. Calles estrechas, coloridos edificios de los que cuelga ropa tendida y niños corriendo por todas partes. Paseando por los callejones podéis haceros fácilmente una idea de cómo la Barceloneta fue en el pasado una zona popular y bulliciosa. Actualmente es uno de los barrios más animados de la ciudad, tanto de día como de noche.

La mejor forma de adentrarse en la Barceloneta es llegar a pie hasta allí partiendo de la estatua de Cristóbal Colón y recorriendo el paseo de la Ronda Litoral. El punto de acceso al barrio marinero es el Passeig de Joan de Borbó, desde donde os podéis adentrar en los callejones que conducen a la playa. Aquí os podéis relajar en la arena, admirar a los surfistas y participar en los partidos de fútbol y vóley-playa que se improvisan continuamente. Y disfrutar de un aperitivo o un cóctel en los chiringuitos y los numerosos bares de todo tipo que llenan el Passeig Marítim y las calles interiores. Con la sensación de estar en la playa, pero al mismo tiempo en el centro de Barcelona, ¡una sensación muy apetecible!

Fundació Miró

Junto a Pablo Picasso, Joan Miró es la otra alma artística de Barcelona, al que está dedicado un museo de visita obligada: la Fundació Joan Miró. Se encuentra en el  Parc de Montjuïc, la montaña que sirve de pulmón verde de la ciudad y cuenta con muchos otros lugares para visitar como el Castillo y el anillo olímpico.

A diferencia de Picasso, Miró es de Barcelona. Nació en esta ciudad en 1893 y, aunque murió en Palma de Mallorca en 1983, está enterrado precisamente en el cementerio de Montjuïc, muy cerca de la Fundación. El museo fue creado por el propio artista, que en 1968 lo concibió como un espacio que permitiera conocer las tendencias  artísticas internacionales y sirviera como punto de referencia de exposición para sus obras. Pasear por el edificio es todo un placer. Dos plantas, grandes salas abiertas, piscinas, terrazas con vistas a la ciudad y jardines que albergan esculturas.

En el interior, os recibirá el gigantesco tapiz de la entrada, para poder seguir después el recorrido desde los primeros bocetos de juventud hasta las grandes pinturas de la última época, con un total de más de 10 000 obras que incluyen pinturas y esculturas, dibujos y enormes tapices. Para los aficionados, se expone también la serie de logotipos y dibujos diseñados por Miró para la Copa del Mundo de Fútbol de España de 1982.

Más allá del museo, por toda Barcelona están repartidas las coloridas obras de Miró, como el mural del aeropuerto del Prat, el mosaico Pla de l'Os que da la bienvenida en la Rambla (es tradición pasar por encima) y el famoso obelisco de 22 metros de alto llamado "Dona i ocell" (mujer y pájaro) en el Parc de Joan Miró, en el barrio del Eixample.

Camp Nou

El Camp Nou es el estadio de fútbol del Fútbol Club Barcelona,uno de los estadios más conocidos y gloriosos del mundo. Y uno de los más grandes. Con 99 354 asientos, es el más grande de Europa y el tercero en todo el mundo. Desde 1957, la historia del fútbol se ha escrito sobre esta hierba con los pies de campeones como Cruyff, Maradona, Ronaldo y Messi.

La visita al Camp Nou es obligada también para los que no sean especialmente aficionados al fútbol, ya que permite comprender la pasión de los barceloneses por los colores blaugrana. "Més que un club", se escucha y se ve por todas partes en Barcelona, es decir "¡más que un club"!.

Viéndolo desde fuera, el Camp Nou no parece tan grande, pero una vez dentro no podemos evitar sorprendernos ante la inmensidad de las gradas, sus líneas curvas perfectas y la magia del gran fútbol que se respira. La mejor manera de explorarlo es hacer la visita interna, que dura aproximadamente una hora y media e incluye la visita al vestuario, al túnel desde el que los jugadores salen al campo, el área del banquillo y la sala de prensa. No os podéis perder el museo, donde se recuerda la historia del club a través de sus trofeos, fotografías, vídeos, recuerdos, curiosidades y obras de arte.

Si tenéis previsto ir a ver un partido del Barça en casa, tenéis que organizaros con tiempo. Las entradas para los partidos más importantes se suelen agotar y es mejor reservarlas por internet varios meses antes. Y os recomendamos que lleguéis antes de la hora, para disfrutar de la atmósfera previa al partido, un crescendo de cantos y coreografías emocionantes. En este aspecto, el sector de los hinchas más apasionados (pero correctos) es el de las curvas detrás de la portería. Ver un partido desde aquí garantiza la máxima participación.

La Pedrera

Otras visita imprescindible de la Barcelona de Gaudí: la Casa Milà, conocida popularmente como La Pedrera, es el último edificio privado construido por el arquitecto. Está situado en el número 93 del Passeig de Gràcia en la esquina con el Carrer de Provença.

La casa fue edificada por encargo del matrimonio Pedro Milá i Camps y Roser Segimon. Las obras se prolongaron de 1906 a 1912 ya que se encontraron con distintos obstáculos burocráticos. Las propuestas arquitectónicas originales y vanguardistas de Gaudí a menudo chocaban con las normas urbanísticas. La Casa Milà está formada por dos grandes bloques, cada uno de los cuales está organizado alrededor de un patio interior que garantiza una iluminación y ventilación óptimas para todas las viviendas. La estructura de carga está formada por columnas de piedra, ladrillo y hierro que eliminan la necesidad de construir muros de carga. De esta forma, las paredes de las viviendas tienen mera función decorativa y se pueden colocar, demoler y reconstruir libremente.

La fachada cumple con la idea innovadora y provocadora de Gaudí de renunciar a las líneas rectas. Se desarrolla siguiendo líneas curvas y onduladas, solo aparentemente irregulares, y está realizada con más de seis mil bloques de piedra caliza con un aspecto áspero y natural, de tal forma que las ventanas parecen cuevas o agujeros excavados por el hombre en la roca. Por este motivo se conoce a la Casa Milà con el apodo de La Pedrera, "cantera".

Observad con atención el tejado-terraza, es una auténtica maravilla. Todos los elementos funcionales del edificio, desde las salidas de las escalera de servicio y los conductos de ventilación hasta las numerosas chimeneas, se transformas en una obra de arte de formas sinuosas y retorcidas. Las chimeneas destacan por su originalidad, ya que parecen llevar puesto el caso de un guerrero. Gaudí consideraba el tejado como un elemento fundamental de sus proyectos y no solo una simple cubierta, y el de la Casa Milà se puede visitar en un recorrido onírico y surrealista.

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