Palermo es una ciudad animada y colorista, que tiene un pasado glorioso y lleno de transfiguraciones. Y todo ello puede verse en su patrimonio arquitectónico y artístico. Templos griegos, iglesias barrocas, residencias normandas, teatros neoclásicos, murallas púnicas o las villas de estilo Art Nouveau. Una ciudad animada, acomodada en la “Cuenca de Oro”, y rodeada por las montañas. 

Un lugar cosmopolita que vivió la riqueza con los árabes y que ha mantenido su carácter multicultural gracias también al puerto. Palermo muestra su alegría entre jardines, callejuelas y elegantes palacios.  En Palermo está el mar y los mercados que bullen de tradiciones y de vida. Una ciudad que merece ser disfrutada también con las excursiones Costa. Descubra con nosotros las visitas ineludibles.

  • Catedral de Palermo
  • Palacio de los Normandos
  • Capilla Palatina
  • Catacumbas de los Capuchinos
  • Catedral de Monreale
  • Plaza Pretoria y la fuente
  • Barrio Kalsa
  • Iglesia de San Agustín
  • Teatro Massimo Vittorio Emanuele
  • Los mercados de Palermo
  • El foro Itálico
  • Iglesia de Santa Catalina
  • Mercado de la Vucciria
  • San Juan de los Eremitas
  • Quattro Canti
  • En los alrededores de Palermo: Mondello
  • En los alrededores de Palermo: Cefalú

Catedral de Palermo

Es cómo si la historia milenaria de la ciudad se hubiera condensado en un solo edificio: así es la Catedral de Palermo. Y para entender sus transfiguraciones, basta con seguir su historia: primeramente fue una basílica paleocristiana, después una mezquita y posteriormente se convirtió de nuevo en una iglesia.  El estilo principal, el neoclásico, fue el elegido en el siglo XVIII por Ferdinando Fuga, arquitecto en la corte de los Borbones, que decidió redimensionar todas las influencias anteriores y los estilos gótico, barroco y árabe-normando. 

Pero no todo se perdió. En el ábside mayor pueden verse elementos árabe-normandos, mientras que en el pórtico de entrada pueden contemplarse influencias góticas. Por el contrario, el estilo barroco es el protagonista en la cúpula. Una magnífica mezcla, a la que cabe añadir otros elementos importantes, como las tumbas de Santa Rosalía, patrona de la ciudad, y el sarcófago de Federico II.

Palacio de los Normandos

En la actualidad, el Palacio de los Normandos (o Palacio Real) es la sede de la Asamblea Regional Siciliana, pero antaño quienes frecuentaban los majestuosos salones del edificio eran Federico II o Conrado IV: de hecho, el Palacio era la sede imperial. Su pasado aflora de su singularidad arquitectónica y de la riqueza de su interior.

El Palacio Real encierra también todo su pasado, empezando por los subterráneos, donde quedan vestigios del período púnico, incorporados en su construcción. Los árabes construyeron el primer núcleo, los normandos convirtieron el castillo en un centro neurálgico y lo ampliaron con cuatro torres conectadas a través de porches y jardines. En sus orígenes, el edificio estaba conectado a la Catedral por una calle encubierta. En 1556 fueron los españoles quienes se encargaron de las nuevas obras, destruyendo las torres y realizando la majestuosa fachada.

En el interior del palacio habían incluso laboratorios textiles para realizar confecciones de gran valor. Fue con los Borbones cuando se produjeron grandes cambios, entre ellos la realización de la monumental Escala Roja y la creación de grandes frescos. A lo largo del siglo XX se realizaron también trabajos de restauración. 

Románico, bizantino, árabe, normando, barroco, son los diversos estilos del exterior del palacio. Los interiores están compuestos por salones elegantes y numerosas estancias, de estilo neoclásico y generalmente con representaciones mitológicas, como por ejemplo la Sala Pompeiana.

Capilla Palatina

Una pequeña joya dedicada a San Pedro y San Pablo, obra de Roger II: la Capilla Palatina, la magnífica capilla interna del Palacio de los Normandos, que fue consagrada en el año 1140. Los mosaicos bizantinos son los auténticos protagonistas, dado que adornan y decoran el transepto, los ábsides e incluso la cúpula. Las decoraciones, una de las más importantes de Sicilia, representan, entre otros, al Cristo Benedicente, los evangelistas, además de diversas escenas bíblicas. 

Las decoraciones continúan también en el techo de madera de la nave central, mediante entalladuras y pinturas de estilo árabeRepresentaciones de animales, escenas de la corte islámica y del paraíso coránico, bailarines presentes por doquier.  El 3 de julio de 2015 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Catacumbas de los Capuchinos

Hay quién la ha definido como el reto del hombre para alcanzar la inmortalidad. Estamos hablando de la momificación, una antigua tradición radicada en Sicilia que en las Catacumbas de los Capuchinos alcanza su punto máxima expresión. Un patrimonio único y un poco macabro que durante siglos ha atraído a muchísimos intelectuales y escritores como Alejandro Dumas, Guy de Maupassant y Carlo Levi

Esqueletos y momias no son lo único que las “catacumbas” de los frailes capuchinos encierran en su interior. Alberga una cantidad impresionante de documentos y de información detallada que permiten reconstruir la vida diaria, las costumbres y la historia del pasado.

Desde el siglo XVII hasta el siglo XIX era una práctica habitual momificar a los difuntos más queridos. Miles de personas ofrecían donaciones para solicitar la intervención de los frailes. El último caso fue el de una niña de dos años momificada por deseo de su padre y que todavía se conserva en la capilla de Santa Rosalía.

Catedral de Monreale

¿Qué mejor manera de expresar el poder que con la construcción de un edificio imponente? La Catedral de Monreale es uno de los monumentos normandos más importantes de Sicilia: un cofre de belleza y de maravillas nacido para reafirmar el poder del rey Guillermo II, el Bueno. Se trata de una obra llena de historia y de fascinación, que forma parte del Patrimonio de la Unesco

La catedral revela un conjunto de transfiguraciones, la cultura bizantina por un lado, y la románica e islámica, por otro. Fue construida para reivindicar su propio dominio en el campo artístico. Según una leyenda, fue la Virgen quien ordenó la realización de la obra. 

Se le apareció en sueños al jefe militar normando y le indicó donde podría encontrar el tesoro para financiar el proyecto. Las maravillas de la catedral se esconden también en el interior y cuentan historias relacionadas con la Biblia, una especie de catequesis para el pueblo: estamos hablando de los casi 6400 m2 de mosaicos que se extienden por toda la superficie.

Plaza Pretoria y la fuente

En el centro de la Plaza Pretoria, delante del Ayuntamiento, se encuentra la fuente del mismo nombre, llamada también “la fuente de la vergüenza”. Existen como mínimo dos versiones que explican este sobrenombre. Una se refiere a la desnudez de las estatuas, que en aquella época causaron sensación. Y, por el contrario, en opinión de otros, está relacionado con la enorme cantidad de dinero que pagó el Senado de Palermo por su compra (las crónicas hablan de veinte mil escudos). Es más, parece que cada vez que los senadores salían del palacio, los palermitanos les gritaban “Vergüenza, vergüenza”. En aquella época la región sufría una enorme pobreza y carencias.

Su historia es un poco turbulenta. La fuente fue encargada por un tal Don Luis de Toledo para decorar el jardín de su residencia florentinaEn 1573, la obra fue vendida al Senado de Palermo. Según las explicaciones de la época, la noble familia no tenía dinero para terminarla.

Su traslado de Florencia a Palermo fue muy problemático. Se perdieron algunas piezas, otras se rompieron y algunas se quedaron olvidadas en la Toscana. La fuente fue instalada por Camillo Camillani, hijo del escultor toscano autor del proyecto original.

Su colocación no fue nada fácil, basta pensar que para dejarles espacio se procedió a la demolición de algunas viviendas. La estructura de la fuente se sostiene sobre una base ovalada, rodeada por una balaustrada que alberga las otras pilas. En cuanto a las elegantes estatuas, estas representan figuras mitológicas y divinidades. 

Barrio Kalsa

En la época del emir, esta zona recibía el nombre de "la noble» y es fácil entender el porqué. Este barrio de Palermo transmite ambientes y colores mágicos. El barrio, el primero que se construyó en el exterior de la muralla, encerraba la ciudadela fortificada del emir, a la cual, según los documentos de la época, se podía entrar a través de cuatro puertas.

El crecimiento del barrio fue muy caótico, sobre todo durante el período medieval. Huertos y jardines dejaron espacio a una edificación inorgánica de palacios y casas. La zona se extendió hasta tal punto que acabó incorporándose al barrio hebreo. La distribución, la transformación de espacios y tradiciones puso las bases para la futura vida del barrio, que seguramente constituye uno de los espacios más creativos e interesantes de la ciudad. Una alternancia de laboratorios, monumentos y locales sin una solución de continuidad. Aquí sobrevuela también un ambiente árabe, tal vez acentuado por los monumentos y las influencias del estilo árabe-normando.

Podrán contemplar también retazos de la vida tradicional. No es raro encontrarse con hombres que se aventuran a cocinar y  vender caracoles escabechados (los llamados babalucci), servidos en cucuruchos de papel. Sabores, olores, tradiciones que se entremezclan, así como las voces y los dialectos.

Realmente parece un pueblo totalmente distinto, donde el tiempo a veces se para como las mujeres, vestidas con un batín, que se sientan en la puerta de su casa, hablan con las vecinas, indiferentes al tiempo que pasa para el resto de la gente. Por el contrario, puede escucharse a un hombre levantar la voz e invitar a la gente a participar en la rifa, la pintoresca lotería que se vende en las callejuelas del barrio. Se sortean todo tipo de alimentos, dinero, productos y también “rasca y gana”. El centro gira en torno a la plaza de la Kalsa, pero el barrio atraviesa muchos lugares y monumentos importantes de la ciudad hasta llegar a la avenida Vittorio Emanuele.

Iglesia de San Agustín

La iglesia de San Agustín es uno de los atractivos más populares del centro histórico de Palermo. La fachada data del siglo XV y fue construida gracias a las familias Sclafani y Charomonte, cuyos escudos se pueden contemplar como si fueran una especie de firma.  El edificio es un conjunto de estilo y ha pasado por diversas fases históricas. El pórtico central es gótico y está embellecido con adornos variados que comprenden elementos arabescos y motivos florales, sin olvidar los símbolos abstractos.

El pórtico lateral es más sobrio y probablemente es una obra del siglo XV de Domenico Gagini. El interior del edificio presenta una sola nave. No faltan estucos, bustos, frescos y pinturas, en especial las que cuentan la historia de San Tomás de Villanueva. Los elementos arquitectónicos no acaban ahí, hay dos capillas dedicadas a San Agustín y a Santa Mónica: aquí se custodian las esculturas que representan, alegóricamente, la virtud. El claustro es del siglo XVI y las paredes albergan frescos sobre la vida de San Agustín. 

Teatro Massimo Vittorio Emanuele

Se trata del teatro más grande de Italia, famoso por la excelente acústica de su sala Grande en forma de herradura de caballo. Emblema del estilo neoclásico, el Teatro Massimo es famoso también por su majestuosa cúpula. Fue construido en las últimas décadas del siglo XIX, después de una compleja tramitación para el inicio de los trabajos. Para dejarle el espacio necesario, se decidió demoler una iglesia y un monasterio. Fue la ópera Falstaff de Giuseppe Verdi, que se representaba por primera vez, la que inauguró el teatro en 1897. 

Los empresarios y el arquitecto responsable de las obras decidieron que el edificio debía ser de piedra viva tallada y quisieron incorporar elementos esculpidos por más de 150 artesanos. Al interior se le quiso dar un aire Art Nouveau, empezando en primer lugar por la decoración. Una de las estancias de visita obligada es el vestíbulo: en él pueden verse candelabros de bronce, además de diversas esculturas y bustos. El edificio ha tenido una historia turbulenta, durante varios años estuvo cerrado y dejado en un estado de abandono. En 1997 se abrió nuevamente al público con un magnífico concierto dirigido por Claudio Abbado con la Filarmónica de Berlín.

Los mercados de Palermo

Para entender la esencia de Palermo, es necesario acudir a los puestos del mercado. Respirar los sabores, los olores, mezclarse con los colores y los rituales, vivir la historia y la enorme vida que desprenden.  Entre la fruta, el pescado y las verduras hay una cámara de cine que nos sumerge directamente en la esencia de la ciudad. 

El Capo es un mercado de Palermo muy pintoresco y bullicioso, en el que podrán ver en directo un fotograma de la vida diaria de la ciudad. Aquí encontrarán de todo en una exaltación de colores, desde fruta exótica a verdura, pasando por el pescado fresco, la carne y acabando con los vendedores ocasionales

La mercancía es expuesta fuera de las tiendas y protegida con los característicos toldos de colores. Olores y aromas invaden las típicas callejuelas. Y les conquistarán las típicas voces de los vendedores, que invitan a comprar la mercancía anunciando descuentos y ofertas increíbles. Entren en un rincón por el que no pasa el tiempo por la Puerta Carini del siglo XIV. Y déjense cautivar por un mundo lleno de colores. Hay dos bastiones: el pescado y el street food, sin olvidar los zumos de los quioscos.

Ballaro es el lugar que mejor refleja la esencia de Palermo.  Se encuentra en el centro histórico y posee una historia milenaria. Durante la Edad Media era famoso por la calidad de las carnes, del pescado y de las especias: todos los productos llegaban directamente de las caravanas. Se extiende por varias calles, dispersas, con el centro estratégico de la Plaza del Carmen. 

Basta la costumbre de ensartar pajitas en cada producto para indicar el precio, para entender el carácter bullicioso y la particularidad del lugar. Aquí se puede encontrar realmente de todo y no faltan las innumerables paradas de street food donde degustar todo tipo de comidas. Un viaje entre sabores, colores y las costumbres de una ciudad que refleja también integración y transformación en cada rincón. El domingo pueden encontrarse objetos de segunda mano de todo tipo, desde televisores a tocadiscos. Negociar es un arte.

Mercado de la Vucciria

Antaño fue el mercado más popular de Palermo, hoy ha sufrido una ligera caída, pero sigue siendo famoso por sus numerosos vendedores de pescado. El nombre “vucciria”, deriva en realidad del francés boucherie,que significa carnicería. Aquí, al comienzo de su historia en el siglo XVI, abundaban las carnicerías con las piezas de carne colgadas fuera. La vida es la singularidad de estos mercados y la voluntad de exponer bellamente la mercancía por fuera de las tiendas, con la ayuda de lámparas para realzar la luz y la frescura de los productos. 

 Se trata de una zona dinámica: por la noche, las calles se llenan de jóvenes que se reúnen aquí para pasar la noche en los innumerables locales, pubs y tabernas que animan la movida palermitana. El mercado fue la fuente de inspiración para el cuadro “la Vucciria di Palermo” de Guttuso, que hoy puede verse en el Palacio Steri.

El foro Itálico

La naturaleza es una protagonista indiscutible en Palermo. El Foro Itálico de Palermo es una extensa zona verde situada a lo largo del paseo marítimo de la ciudad y se encuentra en el barrio de Kalsa. Lugar lleno de detalles y anécdotas, su historia empieza en 1582 por deseo del virrey Marco Antonio Colonna. Durante más de 200 años la estructura permaneció invariable hasta que, en 1734, se produjo una primera ampliación de la zona, seguida de un proyecto para la revalorización que supuso un embellecimiento y una mejora estética de la zona. Y de este modo el Foro Itálico se convirtió con el paso de los años en uno de los destinos preferidos de los palermitanos.

Durante la totalidad del dominio borbónico recibió el nombre de Foro Borbónico, hasta 1848, cuando fue elegido el nombre de Foro Itálico. Durante la II Guerra Mundial, la zona quedó destruida y con ella también el paseo marítimo. Durante años, esta zona estuvo descuidada y abandonada. 

Pero recuperó su belleza costera original entre 1990 y el año 2000. El jardín se convirtió en zona peatonal y se decidió embellecerlo con numerosas plantas mediterráneas de todo tipo. Ahora cuenta con una serie de arboledas y bancos para sentarse y contemplar las vistas desde un mirador privilegiado. 

El Foro Itálico se ha convertido en una atracción turística gracias a algunas esculturas del arquitecto Italo Rota. En su interior se encuentran además, una casa-observatorio 

Iglesia de Santa Catalina

Se trata de una de las iglesias más bellas de Palermo. La iglesia de Santa Catalina de Alejandría forma parte de un maravilloso conjunto arquitectónico. Fue construida en el siglo XVI sobre los restos de un lugar de culto de 200 años de antigüedad. Fue integrada varias veces con las obras y las intervenciones de los mejores profesionales de aquella época.  Entre los diversos pasos hasta alcanzar el aspecto actual: el añadido de loa cúpula y la realización del coro.

La fachada es de estilo renacentista, mientras que el interior es más variado. El interior presenta una nave única con tres capillas de estilo rococó. Está embellecido con frescos, estucos y marquetería. Hasta 2014, el monasterio albergó a las monjas de clausura de la orden dominica. Hoy puede visitarse y está abierto al público como museo de arte sacroEn su interior se cocinan (en la pastelería) dulces de diversos monasterios de Palermo siguiendo las recetas de las monjas.

San Juan de los Eremitas

El encanto exótico de las pequeñas cúpulas rojas que cubren la iglesia de San Juan de los Eremitas ha entrado ya en el imaginario colectivo. Es uno de los ejemplares más importantes del arte sículo-normando, y está considerado como uno de los símbolos de Palermo.  También ha sufrido varias transformaciones a lo largo de su historia y muestra restos de su pasado. 

El conjunto está situado en las proximidades del Palacio de los Normandos. Antiguamente el edificio estaba protegido según los cánones islámico-bizantinos de la época. Esquemáticamente estaban previstos paralelogramos que representaban la Tierra, sobrepasados por cúpulas que simbolizaban el Cielo. La estructura antigua era más amplia y comprendía diversas estancias, entre ellas, la Sala del Capitolo, un dormitorio y un refectorio. También había sido previsto, además de la Iglesia de San Juan y el claustro, un cementerio.

Quattro Canti

Las dos principales arterias de la ciudad, la avenida Vittorio Emanuele y la calle Maqueda, se entrecruzan y forman los Quattro Canti: el centro histórico. En la práctica, la ciudad está dividida en cuatro grandes esquinas. Entre los siglos XVI y XVII, esta zona era el centro de la ciudad, y los virreyes españoles querían reafirmar su poder y remarcar su presencia en Palermo con la construcción de palacios barrocos, sus propias residencias.  Símbolos de poder y elegancia que pusieron fin al poder feudal.

La plaza más importante, diseñada por el virrey español Villena, del cual toma su nombre, se convirtió en el nuevo centro de la ciudad. Un espacio refinado, un lugar de encuentro, integración, fiestas y procesiones que aprovechaban del marco escenográfico y monumental del entorno de estilo manierístico. La plaza es llamada también Teatro del Sol u Octágono: siempre hay al menos uno de los lados de la plaza iluminado.

En los alrededores de Palermo: Mondello

Palermo es también mar, que regala belleza por sus aguas tranquilas y cristalinas y por el marco que lo rodea. Unas vacaciones urbanas deben prever un momentito Mondello, la p0laya por excelencia. Tendrán de todo, rincones de postal y servicios para todas las necesidades.

Disfruten de una arena blanca y suave, de un mar limpio, de calles arboladas y villas profusamente decoradas. Aprovechen los restaurantes, bares, tiendas y hoteles para disfrutar a tope de su relax. Y también la situación ayuda: la playa está a poco más de 10 kilómetros del centro de Palermo y se puede llegar cómodamente a ella en autobús. Se encuentra entre el Monte Pellegrino y el Monte Gallo, que la obsequian con un toque de verde y de naturaleza.

En los alrededores de Palermo: Cefalú

A los pies de un promontorio rocoso, prácticamente suspendido en el tiempo y en el espacio: así se presenta el municipio de Cefalú, perteneciente a la provincia de Palermo. Un destino irrenunciable para un número cada vez mayor de turistas. La Catedral de Cefalú, construida por deseo de Roger II, es el principal atractivo. Pero todo el centro histórico ha mantenido aquel aspecto austero con sus calles estrechas, típicamente medievales. 

Los palacios que dan color a la ciudad están embellecidos con ornamentaciones arquitectónicas y las numerosas iglesias existentes son otra flor en el ojal. El pueblo marinero es una fuente de estímulos y fascinación, con las casas que regalan simplicidad y rincones llenos de mar. El centro histórico de la ciudad está encerrado por un pintoresco recinto amurallado que se remonta al siglo V.  Especialmente romántico y de buena suerte es darse un beso bajo la Puerta Marina, un arco con vistas al mar.

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Desde siempre Palermo ha sido encrucijada de diversas culturas que renacen y se transforman en la cultura local, en los monumentos y en el plano de la ciudad. El pasado revive también en la gastronomía y en los platos típicos, que combinan recetas italianas con sabores árabes. Una ciudad animada, floreciente que ofrece un panorama artístico inigualable, rincones, avenidas y jardines, testigos de un pasado rico y hospitalario.

Un lugar de historia y de mar, de detalles y de rituales, que viven en los testimonios del pasado y en las tradiciones de los mercados. Una ciudad más para vivirla que solo descubrirla. Y que está dispuesta a darles la bienvenida.

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